
Tomé la decisión, en medio de tantos papeles que inundan mi cuarto, de dar de baja a algunos cuadernos y libros que no veía hace tiempo. Fue como tutearte con los recuerdos archivados en un estante, de eso que no se mueven pero que sabes que están allí apresando el tiempo en el que te eran necesarios. Observe el espacio, lleno de subdivisiones, libros y documentos empotrados a punto de caerse, como bloques de cemento haciendo equilibrio, esperando un uso. Meses atrás, me toco darle de baja a mis cuadernos de colegio que estaban en el patio del segundo piso de mi casa. En esa ocasión me sentí mal cuando vi salir las bolsas negras que archivaban recuerdos entrañables, pero luego, como si me llegara una paz inesperada, sentí alivio al saber que todos aquellos papeles ahora estaban archivados en mi mente.
Cogí un par de bolsas y de un solo tirón hice caer los papeles al piso rompiendo uno por uno y dejando a un lado los que consideraba que aún servían, gran utopía porque casi nunca sirven. Por mis manos pasaron los cuadernos del IPP, mil notas escritas entre páginas, dibujos y bromas que nos hacíamos, los recuerdos de las fiestas en la “casita”, chupodromo donde nos perdíamos antes de cada examen, tiempos donde la vida era menos pesada y la billetera mas agradecida, allí, como un inventario, pasaron por mi mente muchas imágenes que se fueron despidiendo con cada página rota que caía en las bolsas de basura. Se alejaban de mí años de compartir vivencias y borracheras junto a amigos que habían desaparecido para siempre.
Excavando por las torres de papel, llegue a mis fotos de nido, a los álbumes del “Chavo de ocho”, los mundiales que coleccionaba figura a figura. Desee por un instante retornar por el hilo del tiempo a aquellas épocas para despedirme mientras cerraba los ojos.
Anocheció, puse un video de Michael Buble y mientras tomo una gaseosa y acomodo mi estante me dejo llevar por las canciones. No tengo más que decir, sólo, que parte de mi vida se ha vuelto a filtrar entre una melodía y unas cuantas hojas rotas de papel.
Los archivos del tiempo (primera parte)
Cogí un par de bolsas y de un solo tirón hice caer los papeles al piso rompiendo uno por uno y dejando a un lado los que consideraba que aún servían, gran utopía porque casi nunca sirven. Por mis manos pasaron los cuadernos del IPP, mil notas escritas entre páginas, dibujos y bromas que nos hacíamos, los recuerdos de las fiestas en la “casita”, chupodromo donde nos perdíamos antes de cada examen, tiempos donde la vida era menos pesada y la billetera mas agradecida, allí, como un inventario, pasaron por mi mente muchas imágenes que se fueron despidiendo con cada página rota que caía en las bolsas de basura. Se alejaban de mí años de compartir vivencias y borracheras junto a amigos que habían desaparecido para siempre.
Excavando por las torres de papel, llegue a mis fotos de nido, a los álbumes del “Chavo de ocho”, los mundiales que coleccionaba figura a figura. Desee por un instante retornar por el hilo del tiempo a aquellas épocas para despedirme mientras cerraba los ojos.
Anocheció, puse un video de Michael Buble y mientras tomo una gaseosa y acomodo mi estante me dejo llevar por las canciones. No tengo más que decir, sólo, que parte de mi vida se ha vuelto a filtrar entre una melodía y unas cuantas hojas rotas de papel.
Los archivos del tiempo (primera parte)